martes, 30 de diciembre de 2008

"El camino de Regreso" cap. 33

"Dejar a treinta y nueve de mis hombres aquí fue una de las decisiones más importantes de mi vida, sabíamos que quizá jamás nos volveríamos a ver, la difícil travesía que nos esperaba al zarpar hacia España, las tormentas y todos los peligros que conlleva el viaje en una embarcación ya endeble o la muerte de ellos si estallara una riña con los indios, se quedarían solos y desamparados en una tierra ignota y misteriosa; La despedida fue una de las más tristes que recuerdo, nos abrasábamos y jurábamos sobrevivir y regresar cueste lo que cueste, que no nos olvidaríamos ni un instante de ellos y rogamos para que ellos nos tuvieran siempre presente, mis lágrimas inundaban mi interior al dejar compañeros y hermanos que estuvieron conmigo desde el principio, esos seres que el destino pone caprichosamente en nuestro camino haciendonos felices a cada instante, ciegos ante las direcciones que tomarán nuestro futuro, disfrutando solo el momento, un cúmulo de frivolidades y experiencias que constituyen un muro trascendente, una distancia que se junta por eso mismo, por que existe una complicidad total, una alegría por los que están junto a nosotros y una nostalgia por los que se fueron, un continuo recomenzar y un eterno retorno, otra vez los ciclos y las ideas de Heráclito, nada se pierde entonces, solo se distancia y la manera de disfrutar de ello es volver al mismo lugar donde se fue feliz, hacer las mismas cosas y recorrer los mismos lugares.
La desaparición de un ser humano es un dolor irreemplazable (una pena que nos acecha a cada paso) pero la tristeza por perder un hombre a cargo tuyo es más doloroso, como la pena de un padre al perder a su pequeñin, alguien a quien le diste todo lo que vos quisiste ser, al hijo que sin saberlo moldeas y cubres para que nada le pase, como cuando una madre arropa a sus hijos en tiempos invernales y a veces sobreprotege haciéndoles quizá un mal mañana más tarde, pero lo sobreprotege también por que es una manera de cobijarse ella, de haber sido protejida, de aferrarse, de arraigarse al absoluto,que el niño no se contamine del mundo, del entorno tantas veces ruin, apartarlo de un status quo que está minado y predestinado a su ejecución.
Ellos son y constituyen un testimonio palpable y concreto de nuestros viajes y desventuras, las generaciones que vengan conocerán por ellos lo que hicimos, para bien o para mal no importa, eso no importa, prefiero equivocarme muchas veces y mil veces más pero tan siquiera dar un paso, vine he hice las cosas fiel a mis ideales y permanezco en ellos, sin mis hombres nada se pudo haber realizado y ellos lo saben, por eso ruego a Dios que nada les pase".

2 comentarios:

Karol_a dijo...

Hola Nike espero que hayas estado muy bien en estas navidades y que el año 2009 haya entrado bueno para ti con mis mejores deseos.
Perdona mi ausencia, estuve ocupada.
Las personas tienden a proteger lo que aman, es un instinto aunque sigamos expuestos a todo, la protección nos hace falta.
Un beso amigo.

-.Nel.la.- dijo...

Hola, nike, encantada de volver a leerte.
Esta entrada tiene una carga un poco más triste, por lo de las despedidas, la incertidumbre de si volveremos a aquellos tiempos o momentos felices tras nuestra (o su) marcha...
Pero la vida son ciclos, y a veces hay que saber decir "adiós" o "hasta luego" para que entre lo nuevo...

Yo no tengo hijos, pero tengo un gato y un conejo de angora súper mimados... y claro, a veces son unos descarados a causa de ello... pero no puedo evitarlo, de alguna manera, al mimarlos a ellos, es como si estuviera mimándome a mí...

Un fuerte abrazo!